Àngels conoce a Jaume, hijo de familia de agricultores, y conectan. Sus vidas tienen un punto concreto en común: el cariño a la viña. Está a su lado cuando juntos deciden preservar el campo que históricamente habían trabajado como agricultores y que, poco a poco, han ido comprando.
Fraguan un vínculo y, a raíz de la larga tradición familiar de cada uno, se embarcan en un proyecto propio, persistente y resistente en las manos adecuadas: trabajar la viña y cuidar el territorio como uno más de sus hijos.
Pero trabajar la viña no solo mantiene las manos ocupadas, sino que siempre hay tiempo para ir pensando. Àngels reflexionaba sobre la manera de tratar la uva y en el motivo por el cual la uva se había desviado siempre hacia el sector vinícola para elaborar vinos y espumosos. Descubrió que, hasta entonces, no se había tratado nunca como una fruta.