Toda vida tiene una historia, y la nuestra nace de manera natural, como los brotes y las raíces.

Venimos de una larga tradición payesa: nuestra familia se ha dedicado a trabajar la tierra con apego, a sembrar vida con pericia y, con paciencia, recoger sus frutos.

Desde el siglo XVI, en la casa familiar de Cal Vallès, en Vallbona d'Anoia, ya se cultivaba desde la siembra de cereales a la huerta, pasando también por árboles frutales y una pequeña parte ganadera. Era una casa que se abastecía de aquello que la tierra les proporcionaba y que podía ser autosuficiente gracias a los productos que les daba el terruño.

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Raíces y tradición

Nacer y crecer en un entorno rural, en una familia que se dedica al cultivo, nos marca una manera de hacer y de ser: el esfuerzo, la honestidad y el altruismo tanto para las personas como para el entorno que nos rodea. Unos valores que, de generación en generación, han dejado huella y nos han definido.

Desde el siglo XVII, la rama familiar de Ca l’Avi también ha estado vinculada a la tierra trabajándola como agricultores. En la casa de Cal Magí (o Cal Ratolí) es donde nace Jaume, hijo de una familia de agricultores que conocía bien el arte (y, en la época, la necesidad) de aprovechar lo que había y sacar su máximo provecho.

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El paso del tiempo

Cultivar la tierra de manera consciente. Adaptarse y aprovechar los recursos que nos ofrece. Cada solsticio, según época y temporada, nos proporciona diferentes alimentos y hace falta entender los ciclos para valorar lo que comemos.

Esta manera de hacer se ha transmitido con los años: de padres y madres a hijos e hijas, de abuelos y abuelas a nietos y nietas. El esfuerzo de conrear y cultivar para que nazca y crezca la semilla. La paciencia y la perseverancia de cuidar, respetar y esperar a ver qué sale. La gleba, el bancal, el terreno, se trabajaban a mano con la ayuda del burro o del caballo. Más adelante se sustituyó por el tractor y las herramientas mecánicas. Era una labor en la que participaba toda la familia.

Todas las épocas tienen algo que las hace únicas e irrepetibles. Cuando no había neveras, se cosechaban los cultivos en el momento idóneo para que el alimento no se marchitara. De aquí nace la tradición de procesar o conservar los alimentos.

La salazón, la fermentación o la cocción –como nuestras mermeladas– permiten alargar su vida y poder disfrutar del alimento una vez terminada la temporada.

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Àngels Saumell

De payés también era la casa donde nace Àngels, la pequeña de nueve hermanos. Crece en una familia numerosa y humilde, rodeada de una larga relación con la tierra y con los fogones. La define un talante cuidadoso, paciente y de estima por la tierra y por lo que nos ofrece.

Más adelante, cuando toma consciencia de lo que ha hecho durante toda su infancia y juventud, se reafirma en la importancia de todo lo que ha visto al crecer y se hace partícipe a voluntad. Mantener y hacer perdurar este legado.

ELLA MIRÓ LA UVA DE OTRA MANERA, FUNDANDO ASÍ UN PROYECTO PIONERO Y UN PRODUCTO INNOVADOR; ELABORAR MERMELADA EXCLUSIVAMENTE DE UVA.

Àngels conoce a Jaume, hijo de familia de agricultores, y conectan. Sus vidas tienen un punto concreto en común: el cariño a la viña. Está a su lado cuando juntos deciden preservar el campo que históricamente habían trabajado como agricultores y que, poco a poco, han ido comprando.

Fraguan un vínculo y, a raíz de la larga tradición familiar de cada uno, se embarcan en un proyecto propio, persistente y resistente en las manos adecuadas: trabajar la viña y cuidar el territorio como uno más de sus hijos.

Pero trabajar la viña no solo mantiene las manos ocupadas, sino que siempre hay tiempo para ir pensando. Àngels reflexionaba sobre la manera de tratar la uva y en el motivo por el cual la uva se había desviado siempre hacia el sector vinícola para elaborar vinos y espumosos. Descubrió que, hasta entonces, no se había tratado nunca como una fruta.

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La cara oculta de la uva

Vinyet tiene como misión dar un valor excepcional a una fruta que está maltratada por la industria vitivinícola desde la base. Queremos ofrecer una alternativa auténtica al tratamiento de la fruta de la vid que sea veraz, consecuente y justa.

La uva es una fruta y se la tiene que tratar como tal. Con su piel, su pulpa y sus nutrientes y azúcares propios. Àngels decide darle el valor que siempre tendría que haber tenido y convertirlo en mermelada, sin nada más que uva — una fruta muy dulce y con múltiples propiedades.

En esta búsqueda de nuevos paradigmas, apostamos por una agricultura ecológica manteniendo los cultivos tradicionales y mediterráneos de secano que nos permiten expresar la identidad de nuestro entorno. Trabajamos codo con codo con las personas que lo hacen latir.